A manera de Prólogo
A diferencia del discurso poético de América Latina, la forma poética inglesa se reduce a un simbolismo descriptivo y específico a la narración subjetiva, con un marcado carácter lacónico, donde la personificación, hipérbole hipérbaton, retruécano, etc., son recursos casi inexistentes que se reducen a la caracterización psicológica de los estados anímicos o la descripción sensorial.
Este discurso estético, poco cultivado en nuestra América castellana, permiten establecer las diferencias psicoestructurales dentro del orden social de esta otra organización cultural, donde el medio y el lenguaje generado conjugan una disciplina literaria muy particular a la región del que escribe. Pero, más allá de las diferencias formales, existe y prevalece el discurso social, esquivo, sutil; la denuncia práctica donde se mantiene la voz lírica y conserva la lejanía de la prosopopeya o el canto heroico.
Farkas es un poeta canadiense nacido en Hungría, formado desde la infancia en el modelo inglés de Montreal, pertenece a la escuela de la poesía de los años 70, donde la experimentación léxica fue acompañada de la representación escénica y la declamación fonética se extendía más allá del escueto fonema, el que adquiría un valor anímico y pese a su laconismo, podía representar toda una realidad mental y anímica del individuo como colectividad.
Esta generación post Dada o autodenominada Vehicule Press, fue artífice de la socialización de la poesía y logró la instalación de poemas en las calles, autobuses, remplazando la propaganda por el verso gratuito, al grado de que no es posible hablar de la poesía inglesa en Montreal sin referirse a esta generación, la que fue y sigue siendo la mayor exponente de la poesía inglesa en la provincia del Québec, Canadá.
En esta obra encontraremos el discurso social muy ceñido al factor espacio, donde el que habla se sitúa en una zona sin fronteras y desde esa perspectiva se desplaza por el tiempo para llegar a una conclusión sobre el individuo y su colectividad.
Palabras sobrevivientes (Survaiving Words) ya ha sido traducida al francés por Marie Évangeline Arsenault y exitosamente adaptada al teatro, y esta versión castellana viene a establecer su validez como patrimonio literario, transformándose en una muestra elocuente de la poesía inglesa en Canadá.
Si hay algo que decir de Endre Farkas, tenemos que referirnos a él como la madurez de una escuela literaria llamada Vehicule Press, quien debe ser leído en nuestra lengua castellana para mejor entender el estado mental de la sociedad anglo canadiense.
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Farkas, Endre. Palabras Sobrevivientes. Trans. Elias Letelier. Ottawa:
Editorial Poetas de América, 2002. (120pp). ISBN: 1-894879-02-3
< http://poetas.com/editorial/noticias.shtml?category=6&id=1037049034&keyword=+
Al calor de la noche
Anoche hicimos el amor.
Cruzamos fronteras
y sin temor viajamos por otros países.
Con ramilletes de besos
nos acogidos mutuamente como héroes
que no han conquistado a nadie.
Implosiones de éxtasis por todas partes
y respiramos como uno solo.
Sin temor, desnudos,
acurrucados el uno en los brazos del otro,
dormimos y soñamos.
Esta noche a la guerra.
Los hombres con sus máquinas se desplazan.
Los tanques ruedan sobre la carne pedrogosa de la arena
Los francotiradores apuntan,
los dedos acarician gatillos bien aceitados
Y el éxtasis de esta noche
está a un pelito de la mira de los fusiles.
La matanza se hace mejor en la noche
cuando los sentidos son más agudos
y la imaginación es más nítida
para conjurar terror en las sombras
que proyecta la lírica luna
Ululantes humanos predadores
están hundiendo sus garras manufacturadas
en su propia especie.
Amor, la luz del día muestra
que las esquirlas abrieron hoyos en los rostros,
haciendo brotar sangre
evaporando el vapor de la vida
desde el lugar que ocupaba el estómago.
El sol brillante
se levanta
desde los ojos quemado de lo muertos.
Melancolía de Budapest
El polvo de la tristeza llena los poros de Budapest
y los muros amarillos, pálidos e incestuosos de los Hapsburg
están manchados para siempre
de las lágrimas acumuladas por los planes quinquenales.
En la parada del autobús, el sofocante anochecer cae
sobre cuerpos inclinados por el peso de años de espera
de autobuses siempre repletos y siempre tarde.
En su nueva libertad se apilan y aparentan
que no ven a los cabezas rapadas,
que golpean a un gitano viejo,
en nombre de la nueva Hungría.
Estoy mirando con ojos aterrados.
Estoy contento de no ser de aquí.
¿Pero, si no soy yo, entonces quién?
¿Y si no ahora, entonces cuándo?
Ésa es la melancolía.
La liberación es
una mañana
sin guardias
silencio
en un campo de concentración
un sargento negro estadounidense
ametrallando los portones
olas de tanques rusos
rodando sobre las alambradas
años de lágrimas corriendo
incontrolables
los macilentos abalanzándose
a los depósitos de comida
tragando puñados de grasa hasta morir
despertar del estado de coma
saludarse ante un espejo
como si uno fuera un extraño
hacerse decir , “vuelve a casa”
evitar ser violada
diciéndole a los soldados de la liberación
que uno tiene "la enfermedad"
caminar por rutas familiares
parando en casas familiares
golpeando a puertas familiares
para ver quien retornó
descubriendo qué partes de ti faltan
llegar a la casa
mirar a los antiguos vecinos
que vigilan desde puertas y ventanas
mirándote retornar
un silencio diferente.
Acta de un testigo
Veinte mil asfixiados al día.
Cada semana desaparecía una ciudad.
Y cuando la matanza no iba suficientemente rápida
Niños eran lanzados a las llamas,
vivos,
como patatas.
Nadie olió nada
No pasó nada.